lunes, 16 de enero de 2012
AMAR LA VIDA
Oí decir a una persona partidaria del aborto a la prensa “nosotros creemos que la vida está por encima de la muerte”, vaya, pensé, en esto estoy de acuerdo, pero me quedé pensativa al escucharla, ya que no cuadran con otras posiciones que toma.
Es cierto, la vida está por encima de la muerte, desde el primer momento de un ser concebido hasta su muerte natural, y me estoy refiriendo al crimen monstruoso del aborto y al igualmente abominable de la eutanasia, privando a las personas terminales o impedidas física o psíquicamente de los cuidados paliativos necesarios, no ayudándoles con dedicación y cariño a morir con paz cuando Dios las llame. ¿Por qué piden algunos la eutanasia? No porque quieran morir, sino porque se ven tratados como cosas y no como seres humanos. Una persona que se sienta atendida, que se sienta amada jamás pedirá la eutanasia. La vida hay que tratarla con el respeto que se merece, pues es un don de Dios que concede gratuitamente a cada persona. El Papa Pablo VI nos recordó lo ya tan enseñado por el Magisterio de la Iglesia a lo largo de los siglos: “La vida humana está sustraída a cualquier poder arbitrario que pretenda suprimirla; es intangible, es digna del mayor respeto, de todos los cuidados y todos los sacrificios que se le deben” (alloc 8-XII-76). Se ve claro que aquí está poniendo el dedo en la llaga. Miles de abortos en España con “legalidad”. Nadie puede arrogarse el derecho de quitarse su vida ni la de los demás. Es una ofensa a Dios y una falta de amor a los demás.
Para un cristiano no hay vidas inútiles, todos tenemos un alma inmortal y todos somos hijos de Dios y El nos enseña a respetar, a comprender. Detesta la violencia, el odio, la venganza, el fanatismo… y se complace viéndonos vivir en paz, en concordia aunque nuestro modo de pensar sea distinto al del vecino. Ahondemos en éste concepto.
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