martes, 19 de junio de 2012

GRACIAS


El veintiséis de junio hará 37 años que te fuiste a la casa del Padre; para tus hijos fue duro aunque como tú enseñabas, Dios todo lo hace bien y fue un consuelo tener la certeza de que desde allí nos echarías una mano; si aquí lo hacías…..
Ese día tuve la inmensa alegría de oír tus palabras en aquella tertulia en un centro de mujeres de  los 5 continentes. Rebosabas de buen humor, nos recordabas la urgencia de hacer apostolado. Al entrar en la casa entraste a saludar a Jesús Sacramentado en el oratorio, permaneciendo de rodillas unos segundos. Recuerdo como te preocupaste por una japonesa recién llegada preguntándole con cariño si se habituaba a las comidas italianas. Cuando saliste para volver a Roma, tengo el orgullo de ser junto con Valen, las ultimas que recibimos tu  mirada amable y agradecida, hasta nos pediste perdón porque decías que nos habías causado molestias, ya que en un momento te sentiste indispuesto, y hasta nos despreocupaste. Tu mirada fue especial, cada jueves la recuerdo. Al abrirte la puerta bien ajenas estábamos de que Dios te las tenía abiertas en el Cielo de par en par, para recibirte como siervo bueno y fiel.
Gracias, por lo que nos has enseñado a manos llenas sin escatimar esfuerzo. De ti hemos aprendido a darnos a los demás, a enamorarnos de Dios a santificar el trabajo, solías decir, “todo trabajo es un encuentro con Cristo”, que hay que realizarlo lo mejor posible, sin chapucerías. Que podemos hacernos santos en medio de nuestro quehacer diario haciéndolo cara a Dios. Insistías en el amor a la Iglesia y al Papa, solías repetir “Unidos con Pedro a Jesús por María”, otras veces añadías :“ Quiero servir a la Iglesia como ella quiere ser servida”. Amabas a todos sin ninguna distinción porque decías “Todos somos hijos de Dios”. Tu alegría tenía sus raíces en sentirte hijo de Dios y ante las contrariedades o trapisondas hacia tu persona, te dolían en cuanto eran ofensa a Dios y repetías “Todo para bien” y rezabas por quienes estaban equivocados, nunca guardaste rencor y así lo enseñaste en tu predicación. Toda ésta fuerza la sacabas del trato con Dios en la Eucaristía y de tu amor a María Santísima.
Te felicito y te doy las gracias San Josemaría porque por tu entrega fiel y generosa, has hecho felices a personas de los 5 continentes. Y la Iglesia al considerar todas tus virtudes en grado heróico te ha contado en el número de los santos.
Eras un aragonés de una pieza.

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