Quiero felicitarte los 38 años que desde el día 26 de junio
de 1975 estás en el cielo junto a la Trinidad Beatísima, y a Sta. María a quien
tanto amabas; habrá fiesta grande en el cielo San Josemaría. Para todos tus
hijos es un día muy grande y también para toda la Iglesia, ya que siempre la
has servido y ofrecías tu vida por ella si fuera preciso. A tus hijos y a todos
los que te han escuchado solías decirles: “Servir a la Iglesia como la Iglesia
quiere ser servida” yendo tú por delante en éste servicio. Escribiste en Camino
(p.518) “¡Qué alegría, poder decir con todas las veras de mi alma:”¡amo a mi
Madre la Iglesia santa!”.
Naciste en Barbastro, aragonés de pura cepa, amabas mucho a
tu tierra, pero a la vez en tu corazón cabían todos los continentes, tenías
mente universal, y no hacías acepción de personas; solías decir “Todos somos
hijos de Dios” “(…)Católico, corazón grande, espíritu abierto (C. 525)”.
Eres el santo de lo ordinario, predicaste y viviste la santidad
en todo trabajo, comentabas:“Todo trabajo es un encuentro con Cristo”, claro,
trabajo bien hecho, acabado, sin chapucerías, ofrecido a Dios, rectificando la
intención siempre que sea necesario.
Eres maestro de buen humor, siempre sabías sacar lo positivo
de las personas y los sucesos, “Todo es para bien”, decías.
Tu devoción a la Virgen te llevó a ir de romero a muchos
santuarios de nuestra Madre, y dejarle a su cuidado las cosas que te
preocupaban con la seguridad de que Ella lo arreglaría. Aconsejabas que cuando
viéramos alguna imagen de Santa María, la miráramos y le echáramos un piropo
encendido.
Gracias por tu entrega generosa; por eso en todos los
continentes hay almas que siguiendo tu espíritu, que recibiste de Dios y lo has hecho fructificar,
aman más a Dios y son felices.
¡FELICIDADES!

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