jueves, 19 de marzo de 2015
NO AL RELATIVISMO
Desde que el mundo existe sueña con la tolerancia, que casi siempre brilla por su ausencia. No sabemos tolerarnos unos con otros. Tolerancia, no es relativismo, esto que está en auge ahora especialmente, ni tampoco es estar de acuerdo con el error, o sea lo que una conciencia bien formada lo recrimina, ni “hacer la vista gorda” por comodidad, por egoísmo en definitiva.
El año 1995 Naciones Unidas proclamó Año Internacional de la tolerancia, después de medio siglo de Auschwitz porque se había roto el consenso del “nunca más”, pero vemos como se interpreta y tolera que mujeres, ancianos, jóvenes han sido y lo siguen siendo vejados, torturados etc; tolerando y además por ley, la eutanasia y el exterminio de los no nacidos en el vientre materno, éstos crímenes nefastos que avergüenzan hasta las fieras, en ésto nos dan ejemplo, como cobijan a sus crías y las alimentan ¿cómo se entiende éste despropósito? Es difícil de entender; pero hay dos cosas claras, hay que ejercer la tolerancia, pero no todo puede tolerarse.
Respetar y tolerar la manera de ser distinta a a nuestra, aceptar puntos diferentes y legítimos. Decía Séneca “Los hombres deben estimarse como hermanos y ciudadanos, pues el hombre es cosa sagrada para el hombre. Su propia naturaleza pide el respeto mutuo, porque ella nos ha constituido parientes al engendrarnos de los mismos elementos y para un mismo fín” y añade Marco Aurelio “Por eso a los hombres con los que te ha tocado vivir, estimalos, pero de verdad. Se ultraja a sí mismo el hombre que se irrita contra otro”, y yo como ciudadana de a pie agrego: porque somos hijos de Dios hechos a su imagen y semejanza.
Con nuestra conducta bien encauzada podemos cambiar el mundo y prestar ayuda a los demás.
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