Todos sabemos que existe el bien y el mal, pero somos nosotros los que por el don de la libertad escogemos; lo importante en este caso es buscar y tratar de coger la senda de lo bueno; lo que es malo y lo que es bueno, todos los seres humanos lo sabemos. Hay valores reconocidos como buenos en todas las culturas y en todos los tiempos y que lo contrario de ésto es malo y no porque todo el mundo lo diga, sino porque eticamente es así. Por poner algún ejemplo; sabemos que respetar a los padres, es un deber de los hijos, que robar es malo, abusar del poder los gobiernos no es bueno, que hay que ser justos etc, en definitiva, que hay que hacer el bien y evitar el mal. Sin embargo el relativismo nos ofrece una conducta a la carta, que cada uno haga lo que le venga en gana y así estamos viendo los resultados, corrupción, mentiras, trapisondas, enredos y un largo etc. Se están perdiendo los valores, de honradez, trabajo bien hecho, mirar al bien común, ayudar a los demás, educación...
El relativismo es peligroso porque nos puede llevar a lo más irracional porque nos enseña que todo vale y no es ésto así pues niega lo real.
En lo accidental uno puede decir éste abrigo es verde y otro puede decir es azul, a lo mejor es daltonico, pero en lo esencial no hemos de correr este riesgo.
En la familia se debe procurar educar moralmente a los jóvenes, ya desde niños adaptándose a su edad que aprendan y adquieran las costumbres de portarse bien, se les enseña mil cosas, pero a veces no se les sabe decir que es lo que deben hacer con su vida; que hay cosas bellas y nobles y también hay cosas y acciones feas e innobles, indignas del hombre ya que éste tiene una dignidad humana.
Decía Aristóteles “Sería una pena dejar transcurrir la vida y no haberse enterado de lo más importante aunque no sea fácil”.
La felicidad en éste mundo no consiste en tener mucho dinero, ni en el placer, ni en aparentar, ni en la ausencia del dolor, la felicidad se encuentra en hacer el bien, en compartir, en comprender, en perdonar, en ser verídicos en tratar a los demás como quisiéramos ser tratados nosotros.

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