Estamos acabando el
Adviento, tiempo de esperanza y nos estamos preparando con gran ilusión
para festejar y agradecer el gran acontecimiento sucedido hace más de 20 siglos
y que no tiene parangón. El nacimiento de Cristo, ya anunciado por los
profetas. El Hijo de Dios que quiso hacerse hombre como nosotros, excepto el
pecado, y por puro amor, para redimirnos, lo podia haber hecho de otro modo,
pero así nos sería más fácil de imitarle e intimar con El. El creador de todo
lo creado, cielo, tierra y cuanto hay en ella; qué humildad, quiso nacer de una
mujer, como todos, ella es la Stma. Virgen, Inmaculada. Como acariciaría a su
niño, se lo “comería a besos” como todas las madres.
Era un niño como los demás, iría a la escuela, jugaría con
los amigos, pasaría frío, calor, haría “pucheros” era un niño normal. Cuando
por orden del Emperador tuvieron que ir sus padres a Belen a empadronarse, José
y María no protestaron, y al no encontrar posada se refugiaron en un establo y
allí nació el niño; nos imaginamos como sufrían San José y la Virgen, pero le
dieron todo su cariño. Qué ejemplo para nosotros cuando a veces nos quejamos en
cuanto nos falta algo para satisfacer nuestros gustos.
El portal de Belen es “una Cátedra” donde podemos aprender
muchas virtudes, valores humanos, que nos ayudarán a tener paz y a no perder
“los estribos” por cualquier contrariedad, el desprendimiento para no almacenar
cosas superfluas, fortaleza para aceptar con garbo lo que no nos apetece y
actuar con brío y también para aceptar nuestras limitaciones, la prontitud para
emprender nuevos desafíos, etc…
Advertimos también que a los primeros que se les anuncia el
nacimiento es a los pastores, gente sencilla, pero con disponibilidad y que
fueron presurosos a adorarle y ofrecerle sus presentes; más tarde llegaron los
Reyes Magos, observamos que Dios no hace acepción de personas.
La Navidad es alegría porque el mundo estaba a oscuras y
vino la Luz. Son días de pasarlo en familia, de poner el Belén, cantar
villancicos, tocar zambombas, besar al Niño, y porque no, comer turrones, y si
a nuestro alrededor vemos alguien que sufre, ayudarle, compartir nuestro gozo,
saber perdonar y pedirle al Niño que me enseñe a amar. ¡Felices fiestas de
Navidad!!

No hay comentarios:
Publicar un comentario