Hay una propaganda infame y bien organizada con ansias feroces de quitar de un plumazo todo lo que bulla a religión cristiana, me refiero, sobre todo entre algunos aspirantes a gobernar nuestro país, ofreciendo el “oro y el moro” cosa que, gente de esta calaña jamás ha cumplido, por el contrario: todo para su provecho. Hasta dicen que quieren volver al 36. Se ve que no lo vivieron: luchas fratricidas, quema de conventos y un largo Etc. que mejor es pasar la página y mirar el futuro con ojo avizor pues hay muchas razones para respetar nuestras tradiciones. España es un estado aconfesional, es decir, respetuoso con todas las creencias y no laicista. El laicismo es una posición hostil ante lo religioso, lo vemos en todos los campos de la sociedad y en especial en las instituciones políticas y educativas. Los políticos católicos tienen que ser coherentes, como los demás ciudadanos católicos y no hay que dejarse engañar ni pisar por estos que ahora quieren imponernos sus ideas, por cierto: torcidas y llenas de engaño.
La Constitución Española en sus artículos 16.1 y 27 y el 2.3. de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa así lo contempla, además porque forma parte de la tradición, las costumbres y la cultura del país. Respetar otras creencias no significa renunciar a las propias. Además, la religión cristiana es el hecho cultural más importante de la historia de la humanidad, y que unos desaprensivos quieran poner todo patas arriba no tiene parangón, y un buen gobierno ha de mirar el bien común.
“España sé tú misma, descubre tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa su historia y benéfica tu presencia en los demás continentes” San Juan Pablo II. Como españoles tenemos el deber de hacer lo posible, volver a nuestras raíces.

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