Estamos en el mes dedicado a María nuestra madre la Virgen,
y el día uno lo dedicamos a nuestra madre que nos trajo al mundo y los que
gozan aun de su presencia, como buenos hijos lo han celebrado con ella y le han
obsequiado con regalos han pasado un buen día en familia. Los que la tenemos en
el cielo también ha recibido nuestro saludo. Pues a la Virgen madre de todos
por excelencia, en este mes de mayo no podemos ni queremos, dejar de
obsequiarla. Ella nos quiere más que todas las madres del mundo, pues vamos a
corresponder; a Ella le gusta que sus hijos acudan a Ella con confianza, como
todas las madres y que le cuenten sus penas y alegrías y siempre está dispuesta
a ayudarnos, no se escandaliza ni nos riñe; sí nos sugiere e intercede por
nosotros ante su Hijo, que es Dios y nada le niega, menudo enchufe. Es Madre de
Misericordia y cuando nos ve que nos esforzamos por portarnos bien aunque a
veces no lo logramos, Ella ve nuestro esfuerzo, nos sonríe y alienta, así son
las madres aunque a veces los hijos seamos un desastre. Cuenta una leyenda
Bretona de un joven que se enamoro de una mujer caprichosa, y despiadada le
pidió como prueba de su amor nada menos que el corazón de su propia madre, la
del chico, él lo aceptó mató a su madre y le arranco el corazón. Al ir a
entregárselo, tropezó y cayó, el corazón rodó por el suelo, al agacharse el
hijo a cogerlo oyó una pregunta solícita que venía de aquel corazón que
chorreaba sangre: -Hijo, ¿te has hecho daño?- sin comentarios, así son las
madres, pues nos imaginamos a nuestra madre del cielo acogiéndonos e
intercediendo por nosotros ante Dios cuando le hemos ofendido. Es nuestra
esperanza. Pues vamos a regalarle algo especial por se su mes. Le gusta mucho
el rezo del Rosario, que la visitemos en sus ermitas o santuarios. Nos
acordamos de las Romerías que hacíamos con nuestros padres, pues no las
olvidamos y sobretodo le gusta que le parezcamos a Ella, sonríen las madres
cuando alguien les dice, éste hijo o hija ha salido a ti. Es bueno preguntarse,
¿Me podrá sonreír a mí mi madre la Virgen porque lucho por parecerme a ella en
sus virtudes? Y termino con este refrán “El que a los suyos parece, honra
merece”

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