lunes, 9 de mayo de 2016

EL QUE A LOS SUYOS PARECE HONRA MERECE





Estamos en el mes dedicado a María nuestra madre la Virgen, y el día uno lo dedicamos a nuestra madre que nos trajo al mundo y los que gozan aun de su presencia, como buenos hijos lo han celebrado con ella y le han obsequiado con regalos han pasado un buen día en familia. Los que la tenemos en el cielo también ha recibido nuestro saludo. Pues a la Virgen madre de todos por excelencia, en este mes de mayo no podemos ni queremos, dejar de obsequiarla. Ella nos quiere más que todas las madres del mundo, pues vamos a corresponder; a Ella le gusta que sus hijos acudan a Ella con confianza, como todas las madres y que le cuenten sus penas y alegrías y siempre está dispuesta a ayudarnos, no se escandaliza ni nos riñe; sí nos sugiere e intercede por nosotros ante su Hijo, que es Dios y nada le niega, menudo enchufe. Es Madre de Misericordia y cuando nos ve que nos esforzamos por portarnos bien aunque a veces no lo logramos, Ella ve nuestro esfuerzo, nos sonríe y alienta, así son las madres aunque a veces los hijos seamos un desastre. Cuenta una leyenda Bretona de un joven que se enamoro de una mujer caprichosa, y despiadada le pidió como prueba de su amor nada menos que el corazón de su propia madre, la del chico, él lo aceptó mató a su madre y le arranco el corazón. Al ir a entregárselo, tropezó y cayó, el corazón rodó por el suelo, al agacharse el hijo a cogerlo oyó una pregunta solícita que venía de aquel corazón que chorreaba sangre: -Hijo, ¿te has hecho daño?- sin comentarios, así son las madres, pues nos imaginamos a nuestra madre del cielo acogiéndonos e intercediendo por nosotros ante Dios cuando le hemos ofendido. Es nuestra esperanza. Pues vamos a regalarle algo especial por se su mes. Le gusta mucho el rezo del Rosario, que la visitemos en sus ermitas o santuarios. Nos acordamos de las Romerías que hacíamos con nuestros padres, pues no las olvidamos y sobretodo le gusta que le parezcamos a Ella, sonríen las madres cuando alguien les dice, éste hijo o hija ha salido a ti. Es bueno preguntarse, ¿Me podrá sonreír a mí mi madre la Virgen porque lucho por parecerme a ella en sus virtudes? Y termino con este refrán “El que a los suyos parece, honra merece”


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