El día 8 de éste mes de Diciembre celebraremos la fiesta de la Inmaculada Concepción, la madre de Dios y madre nuestra, y como buenos hijos queremos felicitarla y hacerle algún regalo; sabemos que a Ella le gusta mucho el rezo del Rosario, podemos quizá hacerle éste regalo y como los hijos pillos decirle a mí me gustaría que tú me dieras una sorpresa y seguro que intuye, como las madres y nos sorprende con ello, seamos audaces. Una madre siempre escucha y da, pero quiere que sus hijos seamos agradecidos y sobre todo le gusta que nos parezcamos a ella, como sonríen cuando alguien les dice de alguno de sus hijos que le parecen. ¿Nos podrá sonreir nuestra Madre la Virgen?. Vamos a intentarlo. Ante cualquier apuro confiemos en Ella. De pequeña, yo recuerdo que cuando quería hacer o conseguir de mi padre alguna cosa, primero iba a mamá y ella me allanaba el camino, pues Dios no nos va a negar nada si se lo pedimos por medio de su madre.
Ella era una mujer de pueblo, sencilla, no llamaba la atención por nada, pasaba inadvertida, cosería como cada ama de casa cocinaría, tomaría el sol con las vecinas, les echaría una mano en sus faenas, daría gusto conversar con ella; y Dios la escogio entre todas las mujeres “Porque vio mi humildad, por eso me llamarán dichosa todas las edades;porque hizo en mi favor grandes cosas es Todopoderoso” canta en el Magníficat(Lucas 1,48,49).
“Pues a quien a los suyos parece, honra merece”; tratemos de imitarla en sus virtudes, el olvido de si, la ayuda a los demás, la fortaleza, la laboriosidad, la pureza etc. etc. y hagamos campaña con nuestro ejemplo.
La Inmaculada Concepción, patrona de España, pidamosle que como dijo S. Juan Pablo II “España sé tú misma, vuelve a tus raíces” En estos momentos es esencial.
Fueron los españoles los que fueron a Roma a decirle al Papa que proclamara el Dogma de la Inmaculada, aunque desde siempre se creyo así aunque no estaba definido; lo definió Pio IX 1854.

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