Se
dice de una persona que es coherente cuando sus actos responden a lo
que cree, pues no es lo mismo, como dice el refrán “predicar, que
dar trigo” y una persona que es coherente tiene que aceptar el
riesgo de la incomprensión de los que piensan diferente a ella y
ésto es fortaleza y es una virtud cuando la persona actúa de un
modo lícito y moral; no sería una virtud si ésta coherencia se
derivara de un mal moral, es decir por poner un ejemplo, uno que es
ladrón, actúa robando, aparte de cometer una injusticia hace un mal
a otros.
La
falta de coherencia, la estamos viendo diariamente en los personajes
públicos, en ciertos políticos que ofrecen “el oro y el moro” y
luego es todo al contrario, “a la saca” es una vergüenza y al
mismo tiempo da pena porque sin la verdad, todo va a la ruina.
Como
el ser humano es libre él es el que escoge la dirección de sus
actos. ¿Pero sabemos compaginar la libertad con la responsabilidad?
Si no lo hacemos así somos esclavos de nuestros vicios, la
presunción, la ambición, el egoísmo y un largo etc. Hay que ser
prudentes y dar los pasos oportunos, en el caso de los políticos
para conseguir el bien común.
La
prudencia es necesaria para cualquiera, pero para los que gobiernan
es importantisima, pedir consejo, escuchar las opiniones y elegir y
seguirlas en lo que tienen de bueno, reflexionar. Un párrafo de
Bernal Díaz sobre la prudencia de Hernán Cortés: “En todo tenía
cuidado y advertencia, y cosa ninguna se le pasaba que no procuraba
poner remedio, y como muchas veces he dicho antes de ahora, tenía
tan acertados y buenos capitanes y soldados que demás de muy
esforzados, dábanos buenos consejos” (Historia verdadera de la
conquista de la Nueva España).

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