Aragonés de corazón y mente universal
El dos de octubre de 1928, día de los Santos Ángeles Custodios, Dios te hizo ver con claridad aquellos barruntos que presentías, El quería algo de ti y contabas que oíste sonar las campanas de la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles festejando a su Patrona. Viste con claridad esa gran Obra que luego fundaste, por querer Divino, Obra de Dios, eras un sacerdote joven solo contabas, así solías decir, con la ayuda de Dios y buen humor y la docilidad y disponibilidad de que eso era un deseo divino, ibas a anunciar al mundo que todas las personas, sin distinción de oficio, raza, lenguas, pobres, ricos podían ser santos en medio de su quehacer diario ofreciéndolo a Dios , trabajo bien acabado, sin chapuzas y con rectitud de intención. Solías decir: "Todo trabajo, es un encuentro con Cristo". Escribiste en tu libro Camino, punto 815: "¿ Quieres de verdad ser santo? Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces". O aquel otro del mismo libro "La santidad "grande" está en cumplir los "deberes pequeños" de cada instante", (punto 816).
Muchos se escandalizaban y te criticaban, veían algo que les parecía casi una herejía. Tu reacción ante estos sucesos era, perdonar y rezar y así lo inculcabas a tus hijos y lo has predicado siempre, jamas criticabas, ni consentías un comentario negativo, perdonar era lo tuyo.
Estas personas no caían en la cuenta que Jesús, el Salvador, trabajó en la carpintería con José, que la Virgen hacía las faenas de la casa y más santidad que en esa familia, no había.
Es que para ser santos, como tu decías, no es necesario hacer cosas raras, es hacer por amor, lo que toca en cada momento.
Eras un santo alegre, irradiabas paz, tranquilidad, paciencia para enseñar, y una gran comprensión. Tu humildad te llevaba a pasar inadvertido y cuando se te daban las gracias por algo que habías ayudado, siempre decías: "Las gracias a Dios, yo solo soy un instrumento".
Hombre de gran corazón, sufrías con los que sufrían, si estaba cerca de ti lo consolabas y siempre rezabas por todos y ponías todos los remedios a tu alcance para ayudar.
Amabas mucho a la Iglesia, al Papa, a todas las almas.
En los países más necesitados pusiste escuelas, dispensarios médicos, talleres, etc., para la gente de escasos recursos.
La Obra que tu fundaste está extendida por los cinco continentes, los hay de todas las clases sociales en ella, pobres, ricos, cultos, menos cultos, campesinos, universitarios, pescadores, modistas, amas de casa, empleadas del hogar...
Amabas mucho a tu tierra, eras un aragonés noble y leal y de corazón universal.
Gracias San Josemaria porque por tu correspondencia a la llamada de Dios haz hecho felices a muchas almas en el mundo entero y como también eras muy romano quisiste vivir en Roma por que allí está el Santo Padre, el Vicario de Cristo en la tierra.
¡Augurone! también por el día seis que fuiste proclamado santo y gracias.
Conchita del Moral Herranz
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