Y
estamos en Adviento, tiempo de espera, porque el mundo estaba a
oscuras y vino la Luz que ilumina al mundo, Cristo, el Hijo de Dios.
Cuando
se espera algún acontecimiento importante se prepara con gran
anticipación, pues este que vamos a celebrar y que ocurrió hace más
de veinte siglos es el más importante que ha sucedido, no tiene
parangón a ninguno; que el Rey de Cielos y Tierra haya querido
hacerse hombre como nosotros, que humildad la suya, para librarnos de
nuestros pecados y abrirnos las puertas del cielo, pero hemos de
corresponder cooperando con El; sus gracias para lograrlo no nos van
a faltar. Se ha hecho hombre por amor, así vamos a intimar más con
El con sencillez y confianza.
Nació
de una mujer, Sta. María y luego nos la dejó por madre. Podía
habernos redimido de otra forma, así nos da un ejemplo de que el
sufrimiento llevándolo por amor a Dios tiene valor de redención.
Su
nacimiento está lleno de sencillez, no tiene donde nacer pues
sabemos que ese día María y José, desposo con su madre, pero ella
Virgen, pues fue concebida por obra y gracia del Espíritu Santo,
como Dios todo lo puede, lo quiso así, iban de camino hacia Belén a
empadronarse, a vivir una ley dada por el Rey Herodes, no encontrando
sitio en ninguna posada se cobijaron en un establo y allí nación el
Niño Dios, como lo acariciarían María y José, hagámosle nosotros
un sitio en nuestro corazón. Y los primeros que vinieron a adorarle
fueron los pastores gente sencilla, pero de gran corazón, más
adelante los Reyes de Oriente y no fueron con las manos vacías, le
llevaron tres presentes representativos oro, incienso y mirra como
Dios, como Rey y como hombre, lección de generosidad, para no pasar
indiferentes con las personas que lo necesitan. Son días de preparar
el Belén para que el día de Nochebuena adorar al Niño, cantarle
villancicos, días también de pasarlo en familia, de perdonar y
pedir perdón si hemos ofendido a otros, de que nadie pase la
Nochebuena en solitario.
Hacer
algún extraordinario en la comida, luego el Año Nuevo, pensar en
que podemos mejorar pidiéndoselo al Niño de Belén y para finalizar
las fiestas los Reyes que siempre nos sorprenden con sus regalos, un
pequeño detalle y sorprender nosotros a los que no tienen a nadie
que los pueda sorprender y así los alegraremos. Seamos generosos.
Felices
Navidades.
Atentamente:
Conchita del Moral Herránz
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