GRACIAS SAN JOSEMARÍA
El día 14 de febrero se cumple un
nuevo aniversario en que Dios te hizo ver que en la Obra que fundaste en 1928
para varones, también debía haber mujeres. Tu no querías, te lo oí decir muchas
veces y añadías con gracia: “…ni de broma” pero, en ese día, dos años después y por
inspiración divina en la Santa Misa, después de la Comunión, vino al mundo la Sección
femenina de la Obra, cosas de Dios, y tu siempre fiel a Dios pusiste todos los
medios para llevar este mensaje divino a muchas mujeres y comentabas: “…sin
esta voluntad expresa de Dios, la Obra hubiera quedado manca”. Mucho tuviste
que sufrir, pero tu confianza en Dios te llevaba a perdonar y a no perder nunca
la paz.
Las labores apostólicas que hacen
las mujeres entre las mujeres no tienen fronteras, todo lo que puede hacer una
mujer cristiana: el hogar, la familia y todas las profesiones, semejantes a las
que realizan los hombres: cargos profesionales, políticos, sociales, pero además
atienden las administraciones de los centros, tanto de la mujeres como la de
los hombres y esto es un estupendo trabajo profesional: cuidar de la familia.
Decías: “Es el apostolado de los apostolados”. Y si pensamos en la Virgen,
vemos que su vida fue cuidar de su casa, de San José y el Niño. Servicio.
Cuantas veces te he oído decir: “Mi orgullo es servir a Dios y a los demás por
El”, y lo he visto hecho realidad en tu vida, desde dar un consejo oportuno hasta
acompañar a quien necesitaba una ayuda, mientras tu humildad te llevaba a pasar
inadvertido.
Nos enseñaste a luchar para ser
mujeres piadosas, alegres, optimistas, generosas, sacrificadas, laboriosas,
comprensivas y no para lucirnos, sino por amor a Dios y a los demás y a
rectificar siempre que, como todos los humanos no hacemos las cosas bien, sin
por eso perder la paz, y a comenzar de nuevo.
Quiero resaltar algunas de tus
virtudes, ya que las tenías en grado heroico. Tu amor al Papa para seguir fielmente
sus indicaciones; amor a la Eucaristía, cuando dabas la bendición con el
Santísimo Sacramento con que amor lo apretabas a tu pecho, delicadeza de alma
enamorada; y a la Virgen acudías, con qué confianza.
Quiero felicitarte y darte las
gracias por tus enseñanzas y ejemplo de entrega generosa y por el legado que
nos has dejado e intercede por nosotros en el Cielo para que continuemos tu
Obra. ¡Auguri!.
Atentamente
Conchita del Moral Herránz
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