martes, 30 de enero de 2018

GRACIAS SAN JOSEMARÍA


GRACIAS SAN JOSEMARÍA

El día 14 de febrero se cumple un nuevo aniversario en que Dios te hizo ver que en la Obra que fundaste en 1928 para varones, también debía haber mujeres. Tu no querías, te lo oí decir muchas veces y añadías con gracia: “…ni de broma”  pero, en ese día, dos años después y por inspiración divina en la Santa Misa, después de la Comunión, vino al mundo la Sección femenina de la Obra, cosas de Dios, y tu siempre fiel a Dios pusiste todos los medios para llevar este mensaje divino a muchas mujeres y comentabas: “…sin esta voluntad expresa de Dios, la Obra hubiera quedado manca”. Mucho tuviste que sufrir, pero tu confianza en Dios te llevaba a perdonar y a no perder nunca la paz.
Las labores apostólicas que hacen las mujeres entre las mujeres no tienen fronteras, todo lo que puede hacer una mujer cristiana: el hogar, la familia y todas las profesiones, semejantes a las que realizan los hombres: cargos profesionales, políticos, sociales, pero además atienden las administraciones de los centros, tanto de la mujeres como la de los hombres y esto es un estupendo trabajo profesional: cuidar de la familia. Decías: “Es el apostolado de los apostolados”. Y si pensamos en la Virgen, vemos que su vida fue cuidar de su casa, de San José y el Niño. Servicio. Cuantas veces te he oído decir: “Mi orgullo es servir a Dios y a los demás por El”, y lo he visto hecho realidad en tu vida, desde dar un consejo oportuno hasta acompañar a quien necesitaba una ayuda, mientras tu humildad te llevaba a pasar inadvertido.
Nos enseñaste a luchar para ser mujeres piadosas, alegres, optimistas, generosas, sacrificadas, laboriosas, comprensivas y no para lucirnos, sino por amor a Dios y a los demás y a rectificar siempre que, como todos los humanos no hacemos las cosas bien, sin por eso perder la paz, y a comenzar de nuevo.
Quiero resaltar algunas de tus virtudes, ya que las tenías en grado heroico. Tu amor al Papa para seguir fielmente sus indicaciones; amor a la Eucaristía, cuando dabas la bendición con el Santísimo Sacramento con que amor lo apretabas a tu pecho, delicadeza de alma enamorada; y a la Virgen acudías, con qué confianza.
Quiero felicitarte y darte las gracias por tus enseñanzas y ejemplo de entrega generosa y por el legado que nos has dejado e intercede por nosotros en el Cielo para que continuemos tu Obra. ¡Auguri!.

Atentamente

Conchita del Moral Herránz

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