Quiero felicitarte un año más por
tu disponibilidad al querer divino, sin escatimar esfuerzo y con alegría a
pesar de tantas incomprensiones. Fundaste el Opus Dei, el dos de octubre del año
mil novecientos veintiocho (90 Aniversario): “Sin ningún medio humano, solías decir, veintiséis años y buen humor”, nada más.
Pero tu fe era tan grande que
seguías adelante haciendo el encargo que Dios te hizo ver: Que todos podemos
ser santos en medio del mundo tratando de realizar con perfección nuestro
trabajo ordinario, no por lucirnos, si no por amor a Dios. Solías decir y lo
escribiste en tu libro Camino, punto 815: Cumple
el pequeño deber de cada momento, haz lo que debes y está en lo que haces.
Había personas que se escandalizaban, no se paraban a pensar que esto ya lo
hacían los primeros cristianos y antes, la Virgen, San José y el mismo Dios
hecho hombre en Nazaret.
Eras un hombre que irradiaba paz,
en ti no había doblez, sencillo, alegre, acogedor, respetuoso con todos aunque
pensaran diferente a ti, aconsejabas y jamás coaccionabas, eras muy amigo de la
libertad. Amabas a todas las personas. Tenías un amor muy grande al Papa y a la
Iglesia y lo inculcabas a tus hijos y a los que te escuchaban: “Il dolce Cristo
in terra”, con palabras de Santa Catalina de Siena, solías repetir.
Tu caridad te llevó a visitar
enfermos y echarles una mano. Toda persona que se acercaba a ti era acogida y
escuchada. Jamás salía de tu boca un comentario negativo, sabías disculpar. Por
iniciativa tuya, además, creaste dispensarios, escuelas agrarias, etc. para
personas de escasos recursos.
En la Obra que tu fundaste caben
todas las personas que tengan esta vocación sin distinción de razas ni de
trabajos, pobres, ricos, cultos, menos cultos, solteros, casados, viudos,
sacerdotes.
Los que te hemos conocido nos
sentimos orgullosos y te damos las gracias porque desde el cielo nos sigues
ayudando.
Gracias San Josemaría y
felicidades.
Conchita del Moral Herránz
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