martes, 1 de octubre de 2019

AGRADECIMIENTO

San Josemaría, como cada año te escribo al cielo para felicitarte por haber fundado el Opus Dei, Obra de Dios, el 2 de octubre. En la que nos recordaba que podíamos santificarnos en medio del mundo, haciendo nuestro trabajo cara a Dios es decir, con visión sobrenatural y acabando bien los detalles, sin dejarnos llevar por la pereza. Solías decir: “Todo trabajo honrado es un encuentro con Cristo”.

En la Obra que tú fundaste por querer divino no hay distinción de razas, ni de oficios, desde las amas de casa hasta los altos cargos, siempre que Dios les llame por este camino; y para estar más dispuesto decidiste hacerte sacerdote, nunca lo habías pensado, querías ser arquitecto y también estudiaste abogacía y sin embargo lo dejaste todo por seguir el camino que Dios quería. Mucho tuviste que sufrir, fuiste muy incomprendido, te trataban de loco, hasta de hereje, y tu perdonabas y rezabas por esas personas y lo inculcabas a tus hijos, una noche te acercaste al sagrario y con toda tu alma le dijiste a Jesús Sacramentado: “Señor, si Tú no necesitas mi honra, yo ¿para qué la quiero?” y te quedaste tranquilo.

Durante toda tu vida procuraste hacer el bien a los demás, escucharles, darles una ayuda, dedicarles tiempo, y así nos lo inculcaste a tus hijos.

Por resaltar tus virtudes cito alguna aunque todas las viviste en grado heroico: el amor al Vicario de Cristo, cuando a veces repetías con palabras de santa Catalina de Siena: “Il Dolce Cristo in terra”, compusiste una oración que todos los días rezamos tus hijos e igualmente por el Obispo de la Diócesis. Rezabas por los religiosos y religiosas y si veías a alguien que tenía esa vocación se lo sugerías.
Si alguno de tus hijos se ponía enfermo ponías todos los medios para poderlo sanar, tengo un detalle personal que no lo quiero omitir. Allá por el año 58, mi madre se puso enferma, yo estaba en Roma y recibí un telegrama diciendo que estaba grave. Se recibió a las 9 de la mañana y ese mismo día a las 9 de la noche yo ya estaba en España con mi madre. Me llamaste y me dijiste: “Vas a ver a tu madre, estate allí hasta que te necesite y se allí la que dé serenidad y paz, me diste la bendición y unos dulces típicos para la familia. Cuando regresé ya mi madre había muerto de una enfermedad contagiosa, y quisiste que me llevaran a verme a la mejor clínica de Roma, la Mater Dei y te dije: “Padre, si no tenemos dinero” y ésta fue la contestación: “Se gasta lo que se deba, aunque se deba lo que se gaste”. 

Así eras San Josemaría. Gracias porque en la Obra que tú fundaste somos una familia feliz dándonos a los demás.

Conchita del Moral Herránz

No hay comentarios:

Publicar un comentario