A veces se oye decir: “ay esta gente joven, juventud divino tesoro”.
Hemos de pensar, sobre todo los padres: ¿los habremos dejado ya desde pequeños a su arbitrio y no los hemos educado bien, inculcándoles los valores humanos y sobre todo las virtudes para que luchen por vivirlos? Quizá a veces los padres les damos caprichos para que nos dejen en paz, y éste método no es bueno, desde niños ajustándose a su edad se les hace ver y distinguir el bien del mal. Los padres tienen que ser amigos de sus hijos, dedicándoles tiempo, teniendo paciencia, dándoles algún encargo en la casa y cuando hacen algo mal, decírselo con delicadeza y no delante de los demás. Hablarles también de Dios, enseñarles a rezar; inculcarles la laboriosidad, el respeto a los demás, la alegría, y cuando se equivoquen, que sepan rectificar, que hagan favores, que sepan respetar a las personas mayores, ceder el paso, el asiento en el tranvía, etc.
Me contaba una amiga que su hija de 8 años iba a coger el tranvía y le dijo su madre: “si entra una persona mayor y no tiene asiento se lo cedes tú” y contestó la niña: “claro, mamá”. Y entró un matrimonio, se levanta la niña y le dice a su madre: "no sé quién es el mayor, ¿a quién tengo que dejarle el asiento?”.
Bonito ejemplo, y es que la familia es la mejor escuela de aprendizaje, me refiero a una familia bien formada.
Atentamente,
Conchita del Moral Herranz
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