Por los reveses de fortuna la familia se tuvo que ir a trabajar a otra ciudad: Logroño.
Un día Dios te hizo ver que tenías que fundar algo donde la gente se pudiera santificar en medio de su trabajo haciendo bien, sin chapuzas y cara a Dios y tú lo aceptaste. Era algo tan nuevo que te trataban como loco y tú decías: “tienen razón, loco de amor a Dios”. Fundaste el Opus Dei. En esta Obra caben todas las personas que Dios las llame por éste camino: pobres, ricos, cultos, menos cultos, todas las razas, todos los oficios, dignos de hijos de Dios.
Como te preocupabas por todos los que formamos esta gran familia. Me acuerdo en una ocasión de la madre de una que no entendía nada la Obra y animaste a su hija que estaba en Roma que viniera a España a ver a su madre, que la cuidara y estuviera hasta que la necesitara, esa madre después cambió y fue cooperadora.
En otra ocasión en una reunión familiar al primer golpe de vista te diste cuenta que una persona tenía mala cara, no de enfado sino que no se encontraría bien, le preguntaste y ella dijo que estaba bien; acabada la reunión dijiste que se pusiera el termómetro y en efecto tenía fiebre.
Nos inculcabas el amor al Papa, a la Iglesia y a todas las personas aunque pensaran diferente a nosotros. Cuantas veces te he oído decir: “¿Por qué no tengo que ir del brazo de otro que piense diferente que yo?, le podré aconsejar, pero jamás coaccionar”.
Estabas pendiente de todo, de nuestros padres, hermanos, de que les escribiéramos, mandáramos fotos, etc. Y para nuestros santos nos felicitabas y nos mandabas algún detallico.
Gracias, Padre pues por tu correspondencia al amor de Dios hemos encontrado muchas personas la felicidad y ¡cómo seguimos notando tu ayuda!
Auguri, Felicidades.
Atentamente,
Conchita del Moral
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