Te felicito al Cielo, San Josemaría, naciste el 9 de enero de 1902, en la Noble y Leal Ciudad de Barbastro (Huesca). De unos padres, buenos cristianos, te bautizaron a los pocos días en la Catedral. Eras un niño normal, desde pequeñito enfermaste gravemente, y el médico pronosticó que no tenías remedio; un día al despedirse le dijo a tus padres: “de ésta noche no pasa”. Tu madre te ofreció a la Virgen de Torreciudad para que te curara y le prometió llevarte a visitarla y darle las gracias; esa misma noche te curaste de repente. Cuando llegó el médico por la mañana, preguntó: ¿a qué hora a muerto el niño?, y tus padres le dijeron que estabas perfectamente, y dando saltos en la cuna; el médico se sorprendió.
Pocos días después te llevaron en caballería a la ermita, por aquellos caminos tortuosos y con frío, a agradecerle a la Virgen el milagro, y es que Dios tenía algo preparado a lo que tú correspondiste con generosidad.
Eras un chico normal, ibas al cole, estudiaste en los Escolapios de Barbastro, tenías tus amigos, querías ser arquitecto, pero el Señor tenía otros planes para ti.
A los 26 años, el Señor del Cielo, te pidió que fundaras el Opus Dei, y tú seguiste el camino. Tus padres y hermanos, no se opusieron, siempre te ayudaron, pero hubo mucha gente que te criticaba.
Te ordenaste sacerdote, y venías a recordar lo que decía Cristo a los apóstoles, se puede ser santo en medio del mundo, hombres, mujeres, solteros y casados, pobres y ricos, sanos y enfermos, de todas razas y colores, tratando de ofrecer a Dios todo su trabajo, sin chapuzas, y procurando acercarle muchas almas. Ser almas apostólicas, preocupación por los demás, echarles una mano, ayudarles.
Te he oído decir muchas veces: “¿por qué no puedo ir del brazo de otro que piensa diferente?, yo le podré aconsejar, pero jamás coaccionar”.
Gracias San Josemaría, y felicidades.
Atentamente,
Conchita del Moral Herránz
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