martes, 6 de diciembre de 2011

El verdadero sentido del trabajo


Algunas personas creen que el trabajo es un castigo, y se entristecen al pensar que al día siguiente tienen que volver a la misma faena ¿?Por qué todos los días igual? No han descubierto que el trabajo no es solo un castigo sino que es un regalo, una ocasión que nos brinda nuestro Padre Dios para hacernos participes de su obra creadora. Viéndolo así, como realidad es ya parece otra cosa.
El motivo de estas lineas es precisamente animarte a descubrir como lo intento yo, el verdadero sentido del trabajo. Podemos convertir nuestro quehacer en oración, de manera que ambos sean una misma cosa. En pocas palabras: podemos hacernos santos trabajando, y este es el mejor negocio de nuestra vida.
Quizá hayas pensado alguna vez que para ser santo era preciso retirarse al desierto y hacer cosas grandes y extraordinarias; y como seguramente no te veías capaz de eso, has creído que todo estaba perdido y que la santidad no era para ti. Me gustaría ayudarte a ver que ahí en tu trabajo, cualquiera que sea, puede santificarte y ser tan santo como aquellos grandes anacoretas del desierto. Todo trabajo noble puede santificarse. ¿Cómo? Haciendo oración mientras lo realizamos, hablando a Dios de El y estando en su presencia. Para eso ya desde la mañana, al levantarnos, saltamos de la cama sin quedarnos a "acariciar las sábanas" diciendo Jesús todavía un poco dormidos que desde ese momento le vamos a ofrecer  todo lo que hagamos en ese nuevo día que nos regala, y pidiéndole ayuda para que nos haga ser generosos. Después durante las siguientes horas les seguimos hablando y pidiendo que nos enseñe a rectificar. Si salen las cosas bien le damos gracias, porque El nos dio la ocasión de poder realizarlas con perfección y sabemos que sin su ayuda no podemos ni siquiera invocar su nombre.
Otro día seguiremos con el tema del trabajo, ya que me parece muy interesante.

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