El motivo de estas lineas es precisamente animarte a descubrir como lo intento yo, el verdadero sentido del trabajo. Podemos convertir nuestro quehacer en oración, de manera que ambos sean una misma cosa. En pocas palabras: podemos hacernos santos trabajando, y este es el mejor negocio de nuestra vida.
Quizá hayas pensado alguna vez que para ser santo era preciso retirarse al desierto y hacer cosas grandes y extraordinarias; y como seguramente no te veías capaz de eso, has creído que todo estaba perdido y que la santidad no era para ti. Me gustaría ayudarte a ver que ahí en tu trabajo, cualquiera que sea, puede santificarte y ser tan santo como aquellos grandes anacoretas del desierto. Todo trabajo noble puede santificarse. ¿Cómo? Haciendo oración mientras lo realizamos, hablando a Dios de El y estando en su presencia. Para eso ya desde la mañana, al levantarnos, saltamos de la cama sin quedarnos a "acariciar las sábanas" diciendo Jesús todavía un poco dormidos que desde ese momento le vamos a ofrecer todo lo que hagamos en ese nuevo día que nos regala, y pidiéndole ayuda para que nos haga ser generosos. Después durante las siguientes horas les seguimos hablando y pidiendo que nos enseñe a rectificar. Si salen las cosas bien le damos gracias, porque El nos dio la ocasión de poder realizarlas con perfección y sabemos que sin su ayuda no podemos ni siquiera invocar su nombre.
Otro día seguiremos con el tema del trabajo, ya que me parece muy interesante.

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