Se prohíben cosas que uno mismo se podría abstener de ellas porque le afectan a su salud, como el tabaco, el exceso de alcohol, conducir a la ligera, etc., y no digo que esté mal, ya que siempre es bueno velar por el bien común, pero luego hay cosas que objetivamente ofenden no sólo a la persona porque la degrada sino también a la sociedad, pues una sociedad corrompida va al fracaso; citaré algunos ejemplos, anuncios en la televisión de mal gusto y groseros; para anunciar una marca de coche o un perfume ¿qué pinta una señorita sin vestir, o una pareja de novios haciendo el tonto?, cuando se pueden poner cosas bellas, un buen paisaje, una puesta de sol… Y en cuanto a la educación deja mucho que desear. Hace poco me ocurrió comprando en una tienda al ir a pagar, saqué un billete porque no llevaba suelto, la que me atendió, un tanto altanera, respondió “oye tía, ¿no tienes suelto?”; me dejó perpleja, le contesté que ella no era sobrina mía, rectificó y me pidió perdón. Otro tema, llamar matrimonio a la unión de dos hombres entre sí o dos mujeres. Hay valores que no podemos perder. Cada cosa tiene su nombre; matrimonio hombre y mujer, otras clases de uniones tendrán otro nombre; yo a esas personas las respeto porque son también hijos de Dios.
“Hay valores que no son negociables, la protección de la vida en todas sus etapas desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. El reconocimiento primordial de la estructura natural de la familia como unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio y su defensa contra los intentos de equipararla jurídicamente a formas radicalmente diferentes de unión, que en realidad la perjudican y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su irremplazable papel social; la protección y el derecho de los padres a educar a sus hijos” (Benedicto XVI discurso a un grupo de parlamentarios de la Unión Europea 30-11-2006).

No hay comentarios:
Publicar un comentario