sábado, 8 de diciembre de 2012
DE IMPORTANCIA VITAL
Quiero empezar ésta carta con unas palabras de Benedicto XVI en Valencia 2006: “La familia es una institución intermedia entre el individuo y la sociedad y nadie la puede suplir totalmente” por eso es de importancia vital y hemos de amarla y defenderla.
Las leyes cívicas tienen el deber de dejar que la familia se desarrolle y de ayudarla –sin suplantarla- donde no pueda llegar. Tenemos el derecho y el deber de hacer que ésto se cumpla. Actualmente son muchas las fuerzas hostiles que ignoran o pugnan con afán de destruir la familia, pero una manera eficaz de contribuir al bien de la sociedad a resurgir al bien moral y a su recristianización es cuidar la propia familia. La familia es un proyecto común en el que todos tienen derechos y deberes y esto implica espíritu de sacrificio, saber ver, saber oír, escuchar, caer en la cuenta, saber estar, querer darse al otro; exige poner el corazón en las personas y en las cosas, en la medida en que son para las personas en la medida y en la medida en que contribuyen a hacer familia. Como se cuida a la familia dice quién es esa familia.
En la familia se quiere a cada uno por lo que es y no por lo que tiene, o por lo que produce. Cada uno aporta su ser, no su tener. Hay cosas que pueden romper un hogar, horarios mal pensados que dificultan la vida en común, rupturas de comunicación, falta de interés por lo de los demás, menospreciar la experiencia de los mayores, padres, abuelos, el exceso de bienes materiales, etc ...
Resumiendo, la familia es la célula más importante de la sociedad, sin ella no podría subsistir, es escuela de muchos valores. En todas las civilizaciones ha tenido una gran importancia, que sepamos valorarla.
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