Llegó el verano y para muchos las vacaciones, tiempo de
descanso, necesario para reponer fuerzas y así luego reemprender con nuevo brío
nuestro trabajo.
Descanso que no quiere decir “echarse a la bartola y ancha
es Castilla”. Se descansa estupendamente cambiando de ocupación, dedicando más
tiempo a la familia organizando meriendas y fiestas con parientes y amigos,
visitando a personas que viven solas y cómo agradecen que alguien las escuche.
Para descansar no es necesario grandes gastos. Si nos gusta el campo en esas
salidas admiramos el orden de la naturaleza, el canto de los pájaros y qué
fácil es pensar que hay un ser superior que mantiene ese orden y descubrimos que
es Dios. Cierto que el descanso lo necesitamos, pero no sólo físico, hay que
cultivar también el intelecto, cogemos un buen libro y al mismo tiempo que
vemos en él la inteligencia humana, damos gracias a Dios porque nos ha hecho
personas con inteligencia y voluntad. A veces observo en algunas personas un
comportamiento de despreocupación y abandono en su parte exterior, chabacano;
es que para descansar no es necesario ir disfrazado, sentido común.
Lo mismo en el trabajo como en el descanso hemos de buscar
lo que ennoblece, no lo que esclaviza, poner la ilusión de aportar valores.
Buenas vacaciones.

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