Toda persona tiene una
dignidad humana que le viene por ser hijo de Dios. Todo hombre tiene que ser
respetado y no hay que violar su dignidad, ni mucho menos quitarle la vida o
maltratarle. Y estamos en una época que se hace caso omiso a éste deber.
Continuamente oímos o leemos en los medios de información la masacre que está
sucediendo en Irak, Siria, Israel, Palestina, Croacia…
Es algo inaudito ¿A qué
se debe éste desmadre? La contestación es obvia, intereses de por medio, odio,
rencor, querer imponer por la fuerza, los criterios de unos a otros y eso no es
justo.
El resto que no estamos
involucrados en ésta barbarie, no podemos, no debemos quedarnos de brazos
cruzados y allá que se arreglen ellos; Los gobiernos de los demás países pienso
que tienen el derecho de advertir a la ONU o a los órganos competentes que
tomen medidas con urgencia para defender a los que están perseguidos y cese esa
matanza que acaban con niños, mujeres… de una manera tan inhumana; medidas de
diálogo, de paz, de justicia, pero no de violencia.
Es vergonzoso que en
pleno siglo XXI se tolere esto. Ir el hombre contra el hombre, cuando con la
ayuda mutua podemos vivir en un mundo feliz, y los ciudadanos de a pie ayudaremos
apoyando y rezando para que cuanto antes se solucione el conflicto.
“Tanto la violencia en
nombre de la religión como la negación de Dios constituyen graves amenazas
para la paz” (Benedicto XVI en Asís,
Italia).

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