Me desconcierta como todavía nuestros gobernantes están anclados y no se mueven para quitar de una vez por todas la pena de muerte de tantos inocentes impidiéndoles su primer derecho que una vez engendrado es dejarles nacer, me parece jugar con fuego, cuando hay tantos problemas urgentes de solucionar, y se ponen a cavilar cosas tan descabelladas como atribuirse a disponer de la vida de sus semejantes ¿esto es progreso?, que gran cortedad de mente para los que esto piensan. Vamos para atrás en éste caso XX siglos y se recordará quien fue el tirano, a más cerca, lo oímos cada día o lo leemos. Pero qué diferencia hay entre matar por conservar la raza como los nazis o por egoísmo, o por la religión?. No es justificable.
La ciencia médica nunca puede emplearse para causar la muerte, su objetivo es sanar.
Los partidarios de ésta masacre, para acallar su conciencia, aunque no es posible, aluden y se defienden diciendo que a veces es necesario sacrificar al niño por el bien de la madre, y esto no es cierto, pues la felicidad está en hacer el bien, en buscar la verdad, no en el utilitarismo, que en definitiva es egoísmo y degenera en amargura tantas veces comprobado.
Es una pena que haya personas e instituciones que se empeñen en implantar la “cultura” de la muerte que envilece, hay que implantar la cultura de la vida que ennoblece. Las nuevas generaciones nos pasaran factura. Si el Estado no defiende los derechos fundamentales, especialmente de los más débiles, se minan los fundamentos del Estado de Derecho.
Me gustaría ser la voz de los que no se les deja tener voz.

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