El autor del libro Eclesiastés hace veintitrés siglos escribió su poema tan bello, decía: “Todo tiene su tiempo, tiempo de nacer y tiempo de morir” (3,1-2).
Se vivía en tiempos diferentes de los nuestros, pues el nacer y el morir se veían de manera natural, pero con el progreso de las ciencias biomédicas, a veces no se tiene presente esta realidad y se eliminan vidas; la muerte y la vida no tienen su tiempo, es una pena que en ocasiones la ciencia haga caso omiso a esta realidad.
En Bélgica y Holanda ya han aprobado la eutanasia y hay otros países que apoyan esta aberración. Pienso que los autores de crimen tan nefasto no se han parado a considerar que ellos han nacido y corren el mismo riesgo y pienso que no pueden dormir tranquilos después de cada asesinato, pues la conciencia acusa.
La obligación de todo buen médico es procurar la salud del enfermo, es curar no matar. El código de deontología Médica en España dice que “el respeto a la vida y a la salud del individuo y de la colectividad, constituyen deberes primordiales del médico” (Art. 5). Y aunque no lo dijera, es ley de Dios y respeto a la persona. “No hay mayor riqueza que la vida” (John Ruskin) y Benedicto XVI en el año 2006 decía a un grupo de parlamentarios de la Unión Europea: “Hay valores que no son negociables, la protección de la vida en todas sus etapas desde el momento de la concepción hasta la muerte natural”.
Ninguna ley del mundo podrá hacer jamás lícito un acto que en sí es ilícito (artículo 281 del Código de Ética y Deontología médica).
Ningún estado puede atribuirse el derecho a legalizar la eutanasia porque es un crimen contra la vida humana y contra la ley divina que va inscrita en el corazón del hombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario