Corremos
en unos tiempos y me refiero a la sociedad, que aun viviendo cerca
unos de otros, vecinos incluso en el mismo piso, quizá trabajando en
la misma oficina o taller, parecemos extraños, cada uno a su bola y
así tan en lo nuestro, por ésto no quiero decir que haya que
descuidar lo que es nuestro encargo, pero siempre con la disposición
de echar una mano, de lo contrario se mina el bien común que tanto
contribuye a la sociedad, y también uno se vuelve egoísta y ésto
es un vicio muy feo. Y como dice ese dicho “todos a una” pero en
lo positivo, cada uno poner su granito de arena y así la nación
prosperaría y no sucedería como ya pasa en algunos países, que algunos están regidos por la tiranía. El bien común, no se
opone al bien particular. Las
leyes justas que protegen a todos hay que respetarlas y vivirlas.
El
hombre tiene capacidad de abrirse a lo común y su dignidad le dice
que tiene que colaborar con los demás en los actos honrados y
justos, por caridad y dejar a un lado su egoísmo.
La
responsabilidad en cuanto al bien común no es igual en todos los
ciudadanos, me explico, en cuanto a su esfuerzo, si falla no está
bien, pero si el que falla es uno de los que tienen el mando y dar
ordenes al resto y dicta leyes, es distinto por su trascendencia por
poner un ejemplo, un alumno que llega tarde a clase, no es lo mismo
que sea el profesor el que no es puntual.
Como
no podemos vivir fuera de sociedad, para todos es obligación de
justicia colaborar con ella con responsabilidad y respeto.
Acabo
con una frase de Cicerón: “Lo peor de las personas importantes no
es solo que sean viciosos, sino que tengan tantos imitadores”.
Y
estamos viendo los resultados.
Conchita
del Moral Herránz
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