El hombre es un ser racional, por lo cual en nuestra naturaleza está la razón, pero también está el placer íntimamente asociado a nuestra naturaleza y todas las personas estiman el placer. Por eso al hombre lo que le agrada le parece bueno y lo que no le gusta o es molesto le parece malo, de ahí que muchos piensen que el placer es el bien supremo y no se dan cuenta que les esclaviza.
Hay placeres humanos nobles porque proceden de acciones buenas hay otros en cambio de origen vergonzoso.
Vivimos en una época que ha hecho de lo sexual una revolución cultural. Ya en la escuela se les enseña a los niños este tema, cosas aberrantes, la maldita ley la pongo con minúscula, pues no merece ese nombre, ya que es un abuso de la misma lgtbi.
Desde Homero, Solon y los Siete Sabios, decían: “Nada en exceso (...)”, aparte de que por mucho que se empeñen esos que se tienen de sabios en cambiar el sexo, el hombre, siempre será hombre y la mujer mujer, su cuerpo es distinto y nunca serán felices. Ya decía, Sócrates: “El que quiera ser feliz habrá de buscar y ejercitar la moderación y huir con rapidez del desenfreno poniendo esfuerzo; y los del Estado en facilitar la justicia y la moderación a todo el que quiera ser feliz(…) porque un hombre desenfrenado no puede inspirar afecto (...)”.
Sabemos que el hombre es una mezcla inseparable de razón y de deseo, dejémonos guiar por la razón.
Y por último que los padres son los primeros educadores de sus hijos en cuanto al tema tratado y la escuela que se limite a enseñar lo que le compete y se deje de monsergas.
Conchita del Moral Herránz
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