Quiero empezar esta carta con unas palabras que dijo Benedicto XVI en su discurso a un grupo de parlamentarios de la Unión Europea el 30 de noviembre de 2006: “Hay valores que no son negociables: la protección de la vida en todas sus etapas desde el momento de la concepción hasta la muerte natural; el reconocimiento primordial de la estructura natural de la familia como unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio y su defensa contra los intentos de equipararla jurídicamente a formas radicalmente diferentes de unión, que en realidad la perjudican y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo
su carácter particular y su irreemplazable papel social; la protección y el derecho de los padres a educar a sus hijos...”. Nadie puede educarlos mejor que ellos.
La familia, según León XIII: “ Es la cuna de la sociedad civil, y es en gran parte, el recinto doméstico donde se prepara el destino de los Estados”. Familia constituida por varón y mujer y del amor entre ambos, vienen los hijos.
El hogar es una tarea común, todos a una, arrimando el hombro cada uno según sus capacidades.
El hogar es donde se aprende a ser persona. “La labor de la mujer en la casa, no solo es en si misma una labor social, sino que puede ser fácilmente la función social de mayor proyección”.
La familia bien unida es un tesoro y uno tiene ganas de estar en el hogar el mayor tiempo posible y cuando llega del trabajo cualquiera de sus miembros siempre es bien recibido.
Naturalmente la armonía de una familia exige, paciencia, dominio de cada uno, valentía, etc., pero si impera el amor no hay problemas que no tengan solución.
Un hogar es mucho más que una casa... Dialogar es mucho más que contarnos lo que nos pasa... Compartir es mucho mas que prestarse cosas… Vivir felices es mucho más que estar contentos... (Juan Carlos Picaso).
Atentamente,
Conchita del Moral Herranz
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