Así lo eras San Josemaría, no tenías doblez y siempre con la
verdad en tu actuar: “al pan, pan y al vino, vino” pero sin humillar a nadie,
siempre comprendiendo y sacando lo positivo de las personas.
Sabías escuchar, dar un consejo oportuno, pero jamás
coaccionabas y ante las incomprensiones que sufriste, siempre perdonabas y
rezabas por ellos. Solías decir: “Todo para bien” y así lo enseñaste a tus
hijos.
Eras un fiel hijo de Dios, a quien amabas con locura.
Incondicional al Papa y a la Iglesia, siguiendo siempre sus enseñanzas. Acudías
a la Virgen con el cariño de un buen hijo a su madre y en su honor erigiste un
santuario y acudías a otros santuarios como romero a rezarle, pidiendo paz para
todas las almas.
Predicabas con tu ejemplo que todos podemos alcanzar la
santidad en medio del mundo, sin hacer cosas raras, tratando de realizar
nuestro trabajo diario bien hecho, no por lucirnos, sino por amor a Dios y
tratar de acercarle a El muchas almas, para esto fundaste el Opus Dei, Obra de
Dios. Algunos te trataban de loco, no se daban cuenta que esto ya lo vivían los
primeros cristianos y el mismo Jesucristo, la Virgen y San José.
Todos los que se acercaban a ti eran bien acogidos, no hacías
acepción de personas, solías decir: “Todos somos hijos de Dios”.
Quisiera resaltar algunas de tus virtudes, aunque todas las
vivías en grado heroico porque luchabas, no te quedabas pasivo, por eso la
Iglesia lo reconoció y te incluyó en el libro de los santos.
Eras un santo alegre, a tu lado se respiraba paz, el centro
de tu vida era la Santa Misa, qué fe y piedad ponías cuando la celebrabas. Al
dar la bendición con el Santísimo, tu fe y amor se reflejaba.
El día 26 de junio de 1975 después de una reunión familiar
con hijas tuyas de los 5 continentes, Dios te llamó a su presencia, te tenía
las puertas abiertas para recibirte como siervo bueno y fiel en el cielo; para
tus hijos fue duro, pero tú nos enseñaste a amar la voluntad de Dios y desde
allí notamos tu ayuda. ¡Gracias Padre!
Atentamente,
Conchita del Moral Herranz
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