martes, 21 de agosto de 2018

EL BIEN COMÚN

Para el bien común en una sociedad que es un elemento fundamental, es necesaria la paz voluntaria, no impuesta, no obligada, por temor a que si no me cae el gordo, sino espontánea, de las personas que quieren el bien común, pues si no hay paz se pierde el equilibrio personal y social y viene la violencia, las tensiones sociales, etc. Todo ello consecuencia de ir cada uno a su bola y así se pierde el equilibrio social y personal.
Para la sociedad y las personas la libertad real, es decir, responsable, quizá es la primera condición para que haya verdadera paz.
A lo largo de la historia hemos visto en tantas naciones llorar la independencia perdida. El llanto del último rey visigodo en la derrota ante los musulmanes es un ejemplo y por desgracia se encuentran también en nuestra época.
Hay que preguntarse por el sentido de la vida que tiene relación con las verdades
radicales. Si el hombre piensa que hay un destino eterno y que se decide en esta vida, se dará cuenta que ningún acto humano resulta indiferente.
Y otro elemento para el bien común, son los valores, o sea cualidades gracias a ellos existen cosas y acciones buenas, por ejemplo: una ley es buena cuando protege el valor de la justicia. Sócrates defendió el valor de la verdad por encima de todo. Pero el bien común no se opone al bien particular pues cada ciudadano puede poseer un cierto bien, por eso se debe respetar los derechos que tienen los demás, luego la persona tiene el deber de colaborar con los demás. Tenemos el ejemplo de Edith Stein, que se puso al servicio de la Cruz Roja en la primera guerra mundial interrumpiendo sus estudios universitarios y copio sus palabras: “Ahora mi vida no me pertenece. Todas mis energías están al servicio del gran acontecimiento. Cuando termine la guerra, si vivo todavía, podré pensar de nuevo en mis asuntos personales”. Si así obráramos todos, reinaría la paz pero
el egoísmo, ciega y a consecuencia de ello, la sociedad se corrompe y termino con una frase de Cicerón: “Lo peor de las personas importantes no es que sean viciosas, sino que tengan tantos imitadores (...)” y ésto es malo para el Estado, pues además de estar ellos corrompidos corrompen a los demás, y lo estamos viendo en nuestra Patria.

Atentamente

Conchita del Moral Herránz

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