Al ser la llena de gracia es difícil expresar tu grandeza pues no hay palabras que puedan decir lo que tú eres. Pero es fácil, pues al ser la llena de gracia no hay peligro de exagerar en tus virtudes.
Llamar Madre a la que también lo es de Dios, nos llena el corazón de agradecimiento y de alegría y pensamos en aquel momento cuando estabas al pie de la Cruz viendo morir a Jesús. Él te dejo para que fueras nuestra Madre; Madre de Misericordia. Teniendo una Madre así nada nos puede asustar.
Seguro que nos acordamos de niños cuando queríamos sacar algo de papá, íbamos primero a mamá para que intercediera por nosotros y siempre lo lográbamos, pues contigo igual. “A Jesús siempre se va y se vuelve por María” (Camino nº 495).
Vemos como en aquella boda de Caná, hiciste a tu Hijo adelantar el milagro, para que los novios no pasaran vergüenza ante los invitados porque se les había acabado el vino y menudo vino que les proporcionó. Tú siempre pendiente de todo y de todos.
El 15 de agosto fuiste asunta al Cielo, sin pasar por la corrupción. Como te recibiría tu Hijo y los Ángeles y santos, una gran fiesta.
Felicidades, Madre, ayúdanos a ser buenos hijos tuyos.
Atentamente
Conchita del Moral Herránz
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