Pero para tener voluntad hay que luchar para negarse muchas veces y vencerse en los gustos. Muchas veces oímos decir o lo decimos nosotros mismos después de un desacato: ¡Pero no lo hizo con mala voluntad! o ¡No lo hizo con mala voluntad!
A medida que uno tiene más voluntad, se mejora a sí mismo, por ejemplo, no hace lo que le apetece, ni lo más fácil, sino que trata de hacer mejor en cada momento lo que debe, lo más positivo, pero hay que ser constante.
Si se tiene una buena educación de la voluntad la persona es madura y equilibrada.
En mucha gente sucede que se dejan llevar por lo que le apetece, por el capricho y no se pone metas a conseguir, y viven esclavizados y sin alegría, no salen del atolladero. Sin embargo, la persona que ha luchado consigo misma por educar la voluntad es feliz y está contenta. Cito una frase de Enrique Rojas: “... La felicidad es un resultado que consiste en intentar sacar el máximo partido a nuestras capacidades mezclando la lucha tenaz con la alegría”.
Conchita del Moral Herránz
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