lícita, es rebajar a la persona al nivel de un objeto.
Un gobierno puede valerse de la manipulación para atraer a sus votantes y ésto
es injusto y ¿cómo lo puede hacer?
Su táctica es tratar de persuadir a los demás de su ideología, ensalzándola hipócritamente, para una vez que haya conseguido su intento, obrar después según su capricho.
Hay miles de maneras para que el manipulador consiga su intento: manipulación de la palabra, de la prensa, de los espectáculos, etc. Prometen “el oro y el moro” y después “si te vi no me acuerdo”.
Oigamos lo que decía Platón: “El Poder no es un placer ni un medio de proporcionar ventajas al gobernante, sino una espinosa misión consagrada al servicio de la humanidad” y Philip Dormer: “Mentir es el arte de los mediocres y el refugio de los espíritus mezquinos”.
Dos buenos consejeros para tenerlos en cuenta.
Conchita del Moral Herránz
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