El intelecto humano, a poco que reflexione puede conocer la existencia de Dios; como punto de partida del mundo creado, los montes, los mares, todos los animales, las criaturas materiales y la persona humana y el sentido común al admirar la belleza y el orden de la naturaleza. La libertad del hombre y por tanto, la responsabilidad de sus propios actos, se tiene que dar cuenta que ante el hay un Creador al que ha de dar cuenta de sus actos; si ahondamos en esto y buscamos la verdad, siendo justos, coherentes, respetuosos con los demás aunque piensen diferente, Dios saldrá al encuentro.
Me da pena esas personas que presumen sin ningún reparo y pregonan: ¡soy ateo! y viven como si Dios no existiera y ellos piensan que son libres y en realidad son esclavos de su ateísmo, pues solamente buscan un bienestar puramente material y éste es incapaz de satisfacer plenamente las expectativas del corazón humano. Les animo a reflexionar, que son hijos de Dios y que por lo tanto deben corresponder como tales.
Atentamente,
Conchita del Moral Herranz
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