miércoles, 27 de febrero de 2019

HAY QUE SER COHERENTES

Vamos a hablar de la Fortaleza. Es una virtud y para vivirla, como las demás virtudes, es necesario ejercitar la voluntad y poner esfuerzo; ser coherentes, es decir, vivir de acuerdo con lo que se cree y tener la valentía, aunque tengamos muchas veces que aceptar la incomprensión antes que claudicar de lo que se piensa y lo que se vive.
Pongamos un ejemplo: si pienso que la eutanasia, el aborto, los vientres de alquiler y tantas aberraciones son malas y lo tolero, como la ley permite, y hago un paréntesis (ésto no es una ley porque es injusta, es un abuso de la misma) quizá me pueda excusar diciendo, yo no voy a hacer semejantes desatinos pero, ¿pongo todos los medios a mi alcance con valentía para defender y aclarar que eso no se puede hacer? O me quedo pasivo excusándome como no soy del gobierno.
Las personas con cargos públicos influyen mucho en la sociedad por ser una autoridad, de ahí la importancia de cuando haya que elegirlos pensemos en su buen hacer. Si actúan con la verdad ayudarán a la sociedad, de lo contrario, nos llevarán al caos de ahí la importancia de la fortaleza unida a la verdad.
Nos dice Chesterton: “El hombre está hecho para dudar de sí mismo, no para dudar de la verdad", y hoy se han invertido los términos, y el mismo autor sigue diciendo: “Las personas estamos diseñadas para llevar a cabo una conducta coherente entre lo que pensamos y lo que hacemos y esa deseable coherencia nos obliga a pagar un elevado precio por las incoherencias de nuestros actos, un precio en forma de sufrimiento moral o psicológico”.

Conchita del Moral Herránz

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