Hablamos mucho de tolerancia, pero no se cumple nunca. Naciones Unidas proclamó en 1995 año internacional de la tolerancia después de Auschwitz e Hiroshima porque se había roto el consenso del nunca más.
Soñamos con la tolerancia desde que el mundo es mundo, pero ya vemos que brilla por su ausencia y es porque cada uno quiere hacer de su capa un sayo y no respeta a la opinión contraria, quizá no sea buena, y es lógico que no la pueda aprobar; puedo dar un consejo oportuno, pero no puedo coaccionar a nadie. Se puede decir lo que está mal, con delicadeza y sin humillar.
Como decía un aragonés del siglo pasado: ¿Por qué no puedo ir del brazo de otra persona que piensa distinto que yo? Eso sí, hay que ser verídicos, lo que está mal no vamos a decir que está bien o lo que está bien no vamos a decir que está mal, la verdad siempre por delante, pero sin maltratar a nadie.
Dijo Séneca: “Los hombres deben estimarse como hermanos y conciudadanos, pues el hombre es cosa sagrada para el hombre. Su propia naturaleza pide el respeto mutuo porque ella nos ha constituido parientes al engendrarnos de los mismos elementos y para un mismo fin”.
Apliquémonos el cuento.
Conchita del Moral Herránz
No hay comentarios:
Publicar un comentario