Hemos de respetar la diferencia de opiniones o modo de ver las cosas, no transigir con el error, pero comprender. Tratar con delicadeza, sin herir ni escandalizarse; explicar nuestro punto de vista, aconsejar, pero no coaccionar y seguir con la amistad; no sabemos ni podemos juzgar el modo de pensar de la otra persona, ni cuales han sido los motivos que le han llevado a actuar así. Ya dijo Séneca: “Los hombres deben estimarse como hermanos y ciudadanos, pues el hombre es cosa sagrada para el hombre”. Respeto mutuo, ser afables y serviciales. Todos hemos nacido igual y para una tarea común, o sea que obrar unos contra otros va contra la naturaleza.
No ver a los demás como malas personas, todos somos capaces de hacer tonterías.
Respeto a los padres para educar a sus hijos; para mandarlos al colegio que quieran, pues los primeros educadores son los padres, pues el Estado no es padre ni madre. El Estado que se preocupe de darles las materias previstas: matemáticas, historia, etc.
Los padres han de ser comprensivos con los hijos ya desde pequeños según su edad, hablarles de distinguir el bien del mal, de la vida, darles la educación adecuada a su edad. No darles gritos ni pegarles, enseñarles a respetarse y cuando se hayan portado mal, hacerles caer en la cuenta de por qué eso no estaba bien y cuando ya son mayores y deciden hacer carrera, no imponerles, que sean ellos los que elijan aunque sus padres les aconsejen y si en la adolescencia han hecho alguna maldad, por favor que los acojan y ayuden a salir de aquel atolladero; no echarlos de casa. Y muy importante, enseñar con el ejemplo.
Atentamente,
Conchita del Moral Herránz
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