Como todos los grandes acontecimientos siempre se preparan con anterioridad y éste es el más importante de todos los tiempos, que Dios el Creador de Cielos y Tierra, se haya querido hacer hombre como nosotros, nacer de una mujer sin intervención de varón María, Virgen, para que así nos fuera más familiar, e intimar con El. Su Madre y madre nuestra, porque nos la dejó por madre a la cual podemos acudir siempre pidiéndole ayuda.
Gobernaba por entonces donde pertenecía su madre, el rey Herodes, que era un tirano, iba a su bola.
En éste tiempo mandó empadronarse a sus súbditos a su lugar de estirpe, y a José, el esposo de María, le tocaba ir a Belén que distaba bastante de Nazaret, y allí que se encaminó María con José a lomo de borrico y varias horas de camino, y no encontraron posada para dormir, y tuvieron que ir a refugiarse a una cuadra, fuera de la ciudad donde allí estaban una mula y un buey, y allí nació nuestro Salvador, ¡qué humildad! Y los ángeles avisaron a los pastores de los alrededores y fueron rápidos a verlo y besarlo, llevándole pequeños regalos. También fueron avisados tres reyes de Oriente, Melchor, Gaspar y Baltasar, y dijeron admirados: ¡ha nacido el Rey de Israel, vayamos a verle! y se presentaron con sus presentes: oro, incienso y mirra.
Cuando se enteró el tirano Herodes, pensando que le podía quitar su reino, mandó degollar a todos los niños desde 2 años para abajo, pero como Dios es Omnipotente, hizo que José y María se fueran huyendo de allí, y así se salvara el Niño.
Es una fiesta muy grande, porque el mundo estaba a oscuras y vino la Luz.
Los niños esperan sus regalos, se preparan en las casas el Belén, se cantan villancicos, se adora al Niño, se reúne la familia.
Demos gracias y tratemos de ser cada vez más solidarios con los demás y no ir solo a lo nuestro.
Intentemos hablar con la Sagrada Familia repitiéndole –como decía un santo aragonés: “Jesús, María y José, que esté siempre con los tres” y seremos muy felices.
Atentamente,
Conchita del Moral Herranz
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