El dos
de octubre de 1928, San Josemaría, un aragonés barbastrino, de corazón
universal, fundó por inspiración divina el Opus Dei; desde los quince o
dieciséis años tenía “barruntos”, así lo decía él, de que Dios le pedía algo,
pero no sabía qué; rezaba y pedía oraciones para ver con claridad que es lo que
Dios le pedía, y el dos de octubre del año mencionado “vio” claramente ese
querer divino y sin ninguna resistencia y con la ayuda de Dios se puso a
trabajar en ello. No fue cosa fácil, tuvo que sufrir incomprensiones,
calumnias, trapisondas, etc.. pero él perdonaba y vivía de fe, así lo enseño a
sus hijos, y a rezar por los calumniadores, nunca perdió la paz, porque estaba
convencido que la Obra era de Dios, y por lo tanto El lo arreglaría, pues decía
yo solo soy un instrumento y en su humildad añadía “inepto y sordo” y siguió
trabajando poniendo todos los medios sobrenaturales y humanos.
El
predicaba la santidad en medio del mundo como los primeros cristianos.”Todo
trabajo honrado es un encuentro con Cristo”, solía decir. Lo mismo puede ser
santo un camionero, un conserje, un ama de casa, un profesor, … si luchan por
hacer su trabajo cara a Dios bien hecho.
Era
también muy humano; quien se acercaba a él nunca quedaba indiferente, su
mirada, su sonrisa contagiaba y uno sentía ansia de ser buena persona.
En
tertulias multitudinarias en ocasiones contaba:” muchos decían de mí que estaba
loco, y tenían razón, y sigo loco de amor de Dios”. Lo demostraba con su amor a
los demás, pronto a prestar una ayuda, un buen consejo…” pero nunca
coaccionaba; eso sí, señalaba dónde estaba el error.
Su
corazón era tan grande que todos los que lo hemos conocido podemos afirmar que
sufría con los que sufrían y ponía todos los remedios para aliviar su dolor y
gozaba con las alegrías de los demás.
Amaba al
Papa, a la Iglesia, con obras poniéndose siempre a su disposición.
Su amor
a la Virgen se traslucía cuando hablaba de Ella, cuando la miraba en sus
imágenes y cuando acudía como romero a rezarle en sus ermitas o santuarios.
La Sta.
Misa era para él el centro y la raíz de
su vida interior.
Gracias
San Josemaría por el legado que nos has dejado y felicidades por el
aniversario.

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