sábado, 28 de septiembre de 2013

CORAZON GRANDE


                                           



               El dos de octubre de 1928, San Josemaría, un aragonés barbastrino, de corazón universal, fundó por inspiración divina el Opus Dei; desde los quince o dieciséis años tenía “barruntos”, así lo decía él, de que Dios le pedía algo, pero no sabía qué; rezaba y pedía oraciones para ver con claridad que es lo que Dios le pedía, y el dos de octubre del año mencionado “vio” claramente ese querer divino y sin ninguna resistencia y con la ayuda de Dios se puso a trabajar en ello. No fue cosa fácil, tuvo que sufrir incomprensiones, calumnias, trapisondas, etc.. pero él perdonaba y vivía de fe, así lo enseño a sus hijos, y a rezar por los calumniadores, nunca perdió la paz, porque estaba convencido que la Obra era de Dios, y por lo tanto El lo arreglaría, pues decía yo solo soy un instrumento y en su humildad añadía “inepto y sordo” y siguió trabajando poniendo todos los medios sobrenaturales y humanos.

               El predicaba la santidad en medio del mundo como los primeros cristianos.”Todo trabajo honrado es un encuentro con Cristo”, solía decir. Lo mismo puede ser santo un camionero, un conserje, un ama de casa, un profesor, … si luchan por hacer su trabajo cara a Dios bien hecho.

               Era también muy humano; quien se acercaba a él nunca quedaba indiferente, su mirada, su sonrisa contagiaba y uno sentía ansia de ser buena persona.

               En tertulias multitudinarias en ocasiones contaba:” muchos decían de mí que estaba loco, y tenían razón, y sigo loco de amor de Dios”. Lo demostraba con su amor a los demás, pronto a prestar una ayuda, un buen consejo…” pero nunca coaccionaba; eso sí, señalaba dónde estaba el error.

               Su corazón era tan grande que todos los que lo hemos conocido podemos afirmar que sufría con los que sufrían y ponía todos los remedios para aliviar su dolor y gozaba con las alegrías de los demás.

               Amaba al Papa, a la Iglesia, con obras poniéndose siempre a su disposición.

               Su amor a la Virgen se traslucía cuando hablaba de Ella, cuando la miraba en sus imágenes y cuando acudía como romero a rezarle en sus ermitas o santuarios.

               La Sta. Misa era para él el centro  y la raíz de su vida interior.

               Gracias San Josemaría por el legado que nos has dejado y felicidades por el aniversario.

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