Dª Teresa Giménez: Agradezco la carta que me ha dirigido,
somos colegas.
Quizá en mi manera de expresarme, no haya sabido reflejar lo
que quería transmitir, pero de ninguna manera quiero obligar a nadie a pensar
como yo pienso.
Lo que defiendo no es nada personal, intento defender lo que
defiende la Iglesia. Verdaderamente tiene usted razón, yo no soy nadie con
autoridad para aclarar lo que está bien o lo que no. Soy una hija de la Iglesia
que trata de recordar sus enseñanzas cuando ve que se olvidan. No me refería a
sentirme yo atacada, sino a los ataques a los representantes de la Iglesia.
En cuanto a hacerme comprender que “no todo es blanco o
negro que hay infinidad de matices” es cierto, pero también deseo que usted
entienda que la verdad real está siendo invadida en muchos campos por el
relativismo y me siento en la obligación de defenderla.
De acuerdo que somos diferentes, pero la bondad y la maldad
existen y ahí está el riesgo de nuestra libertad.
Para acabar, no pretendo estar en un pedestal, la miro con
toda la simpatía.

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