domingo, 15 de junio de 2014

FELICIDADES

                                                                                                                           
                                                                       

San Josemaría, hace 39 años que te marchaste al cielo el 26 de junio, y quiero felicitarte. Tu marcha nos costó dolor, pero enseguida tus palabras que muchas veces nos repetías nos llenaron de consuelo: “Ante la muerte no hay que hacer tragedia, solo es un cambio de casa, además desde el cielo os ayudaré más.” Estando entre nosotros, vaya que sí la teníamos, pero ahora tienes más poder, y lo notamos siempre que acudimos a tí, ya que estás junto a la Trinidad Beatísima, a Santa María, como te  gustaba llamar a la Virgen  y a San José a quienes tanto amabas, así unías los dos nombres Josemaría.
Eras un aragonés que querías mucho a tu tierra, pero tu corazón era universal. Ya escribiste en Camino Nº 525 “Ser católico es amar a la Patria, sin ceder a nadie mejora en ese amor: Y , a la vez tener por míos los afanes nobles de todos los países (…) ¡Católico! Corazón grande”.
Tu amor a Dios era tan grande que se reflejaba en tu amor a los demás; nos animabas a ver siempre las cosas positivas de los otros “No hagas crítica negativa, cuando no puedas alabar cállate” Camino Nº 443.
No querías la justicia a secas, te fijabas en la dignidad del hombre porque es hijo de Dios, para ti contaba mucho la persona y añadías “Cada uno vale toda la sangre de Cristo” Quien se acercaba a ti encontraba comprensión, cariño…¡cómo sabías escuchar!, aconsejar sin distinción, pero jamás coaccionabas. Tu comprensión con las personas no significaba transigir en el error, ni despreocupación por la responsabilidad personal.
Predicabas y vivías la santificación en el trabajo ordinario, bien hecho y con afán de servicio, si lo ofrecíamos a Dios, ahí encontramos la santidad.
En la Obra que tú fundaste, por inspiración Divina, caben todos, si Dios les llama por ese camino; pobres, ricos, sanos, enfermos, de todas razas y colores.
Se podrían decir tantas cosas de tus virtudes heróicas que en una carta es imposible enumerarlas; se puede uno preguntar ¿de dónde sacabas ese amor y esa fuerza?; la respuesta es fácil; de tu trato con Jesús en la Euaristía. La Santa Misa era el centro y la raíz de tu vida. Este era tu secreto, Dios , los demás y yo.
Gracias San Josemaría, por tu entrega generosa que has hecho posible que muchas almas amen más a Dios y sean felices. ¡Auguri!

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