Felicidades, Madre. Eres Madre, Reina y también Abogada
porque, por tu intercesión nos vienen todas las gracias que pedimos a tu Hijo.
Te damos las gracias y felicitamos porque el ocho de diciembre se proclamó el
Dogma de la Inmaculada, pura y sin mancha desde tu concepción, así fuiste
concebida por obra y gracia del Espíritu Santo. Eres Patrona de España, fueron
los españoles los primeros que se lo pidieron al Papa y fueron los señores de
Molina de Aragón los que fueron en persona a Roma.
Hablar de ti, Madre, es fácil y es difícil. Es fácil porque
al ser llena de gracia no hay peligro en exagerar en tus virtudes, pero es
difícil, pues no tengo palabras para expresar como eres.
Como buena madre acudimos a Ti en todas nuestras necesidades
y siempre nos escuchas y comprendes. Te encontramos tan bella cuando te
piropeamos en las letanías: Estrella de la mañana, Reina de los Ángeles, Salud
de los enfermos, Consoladora de los afligidos…
Dios no nos niega nada si se lo pedimos a través de ti. Me
acuerdo cuando yo era pequeña y quería conseguir algo de papá, primero me
camelaba a mamá y así conseguía mi deseo.
Para corresponder a tus desvelos, hemos de tratar de imitarte
en tu delicadeza, en tu abnegación, en tu pureza, en tu trabajo que lo
realizarías con perfección, el trabajo de la casa, como la mayoría de las
mujeres, trabajo de gran eficacia.
Como buenos hijos, hemos de tratar de imitarte en tus
virtudes. Una madre sonríe cuando le dicen de sus hijos: estos son como tú o
han salido a ti. Pensemos pues, si en nuestra conducta nos puede sonreír
nuestra Madre del Cielo. A Ella le gusta que le pidamos favores y la más grande
y mejor manera es a través del rezo del Santo Rosario, pues le recordamos
momentos muy importantes de su vida.
Unidos a Ella vamos bien y nos guiará en nuestro camino.
Conchita del Moral
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